Vivencias Plásticas

Que la belleza sea el fin del arte fue una premisa arbitraria no demostrada, que ha hecho imposible una reflexión imparcial sobre la esencia y el origen del arte. Esto lo decía Konrad Fiedler hace mucho tiempo. Ahora esa reflexión es como un sumidero que se traga todo y de todo.
Esta digresión viene a cuento de la obra del cubano BRETAÑA, que entre pitos y flores festeja un júbilo que parece estar al alcance y nunca llega. Es una alegoría caribeña, enmarcada en una corriente estilística isleña que está vigente desde hace unos años, a través de la cual se ve y se imagina un séptimo cielo en el que ser otro, situarse, jugar y vivir perenne en un globo multicolor.
Para el autor, la representación, estructurada verticalmente en una simbología de abajo arriba, forma un compendio iluminado y depurado de lo que es un cuento que no falla…

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