Amamos las flores. Sembramos una por cada muerte.

Noviembre terminó hace cosa de cinco días,  un pedo así:  una edición más de mi mes más favorito en todo el mundo que se me va.

Sin embargo,  la estela de pena que esta ocasión dejó resultó ser bastante particular,  porque,  en puridad y si recordamos lo suficientemente bien,  es éste el mes de los muertos.  O sea,  tradicionalmente les hacemos fiestecita y todo el asunto mas usualmente no se nos va uno en plena celebración.

Esta vez fue diferente.

En un trágico accidente automovilístico,  murió un astro de este bonito mundo de la música electrónica,  un muchacho que hacíase llamar en el bajo mundo DJ B-Jay.  Iba a tocar en Coatzacoalcos,  junto con el Mateluna,  el Spinnin’ y el Gooz.  Y ya no.

La dirigencia del mundo de la música electrónica en América Latina se manifestó sobre el particular.  Seguro que les dolió más que a mí,  puesto que ellos sí estuvieron en los masivos y armando el desmadre en las fiestas de Electronic Meeting Point,  por más señas +maslabel.

Yo no puedo decir mucho al respecto,  puesto que no tuve la gracia de conocerlo en persona ni de saber cómo era.  Lo único que sé es que su sencillo más famoso es «Losing you»,  que toca de la mano de Willy Sanjuan,  mismo que contiene un sampler de otra canción bien ochentera que seguro recordarán cuando escuchen las vocales del güey en el dub de esta bonita rola.

 

 

 

 

Ese era el B-Jay que todos amaron cuando en vida.

Como dije anteriormente,  yo no lo conocí ni nada por el estilo,  pero influyó en mi vida de una manera más que significativa,  al poner al alcance de mi bolsillo de friki simple mortal cantidad de discos de los que son pilares dentro de mi historia con la Más Importante Diva,  la música electrónica.  No los voy a mencionar porque luego se me olvidan algunos nombre y sé que aquellos se van a poner como qué cosa:  mis discos sienten,  caray.  Lo único que podré manifestar es que su sello,  que últimamente operó como EMPO,  fue decisivo para acercarme a la maravilla de los beats y la fiesta,  a través de los más variados géneros,  siendo los más importantes el house y el trance.

Ojalá no descanse en paz.

No porque me caiga mal ni drogas similares…  Lo que sucede es que yo pienso que cada que uno de estos sabios iluminados muere,  pues la Esfera Madre absorbe su alma y empieza a crear vida a través del polvo de Plata que arroja desde su enormidad en el cielo.  De este modo,  cae y regresa al dancefloor,  por efecto de la gravedad,  la esencia de ese sujeto al que vamos a extrañar en forma de secuencias tejidas especialmente para la ocasión que nos recuerdan todo lo pocasupinchemadre que tocaba el güey en su vida.  De esta manera,  los deudos que deja en calidad de supérstites empiezan a llorarle mientras bailan.  Porque la vida es una fiesta.  Y pendejo es el que no la vive.

Todos los sonidos que nos dejó en vida el buen Benjamín los recordaremos siempre que encendamos nuestros corazones en la pista de baile y que nos dejemos llevar por el sonido que emana de la parte más consciente pero también más sentimental del loco que está al otro lado del tornamesa.

Nuestros hijos y los hijos de los hijos recordarán esta tragedia y serán ellos quienes forjen los nuevos derroteros,  a partir de las enseñanzas de la gente de nuestra generación y de los grandes que nos han precedido,  de la música electrónica y de todo el concepto que se genera a partir de que a uno lo califican como clubber.

Ahora,  no me queda más que poner la música que en este momento necesito para reponerme de este desaguisado.

 

 

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