Categoría: XY


Fue entonces la mañana de oxímoron para aquella bonita familia perfecta que jugaba a vivir la vida perfecta dentro de la casa perfecta.  Una delicada estela de luz matinal con un fino halo de calor que armonizaba perfectamente con la crudeza del ambiente con la de habitual uno podía encontrarse una vez cruzando el umbral de la puerta de entrada de la propiedad.

Esposos desde hacía muchos años,  no se sabía si era la costumbre o el desencanto lo que había matado la pasión entre ellos:  lo único de lo que había certeza era de que la relación había sufrido severas fragmentaciones que minaban la estructura de fondo,  por lo que en consecuencia lo único que mantenía a ese matrimonio junto y estable era la cortesía,  un conjunto de finas maneras preestablecidas que contenían los verdaderos sentimientos reprimidos en la parte más honda del corazón de él y de ella.  Y es que,  accidentes del Destino,  se traían unas ganas de destruirse esos dos sencillamente impresionantes…  Dicen que sucede hasta en las mejores familias.

La relación marital se había ido minando con las pequeñas muertes que a diario ocurrían,  producto de los más terribles desencuentros que pueden originarse en las faltas más pequeñas e inverosímiles,  mas estarían de acuerdo los dos en que la existencia probada de un engaño no era un hecho que se pudiera dejar a la libre interpretación,  y mucho menos a la deriva:  la tragedia había sucedido y los ojos de quien no había sabido mirarla por completo se llenaron de lágrimas.

¿Qué es eso que motiva al hombre a engañar a su mujer?,  ¿rigen las mismas causales para cuando el supuesto se presenta a la inversa?,  ¿por qué es regla general que alguien tiene que perder?  Esas preguntas son las que se hacen los profesionales del diván y las notas a la hora de investigar en los abigarrados casos en los que su deber es lidiar con el duelo que al punto enfrentan sus pacientes para ayudarlos en su proceso de sanación.

Ella esperaba,  en todo caso,  que su marido le pintara el cuerno…,  con otra.  Pero no sucedió así.  ¿Cuál es la razón por la cual nunca nada sale de acuerdo a como queda previamente establecido en el libreto?  Muy seguramente el hecho mismo de darle sabor a la vida a través de la sal que le otorga un toque bastante especial a todo y provoca en quienes lo prueban las más variopintas e inesperadas reacciones  Un hombre desconocido entonces apareció en la escena venido de la nada con la firme intención de besar al sujeto casado;  en realidad no nada más de besarlo sino con miras a llevarse el paquete completo,  el que desde luego incluye al amor como eje central del mecanismo que rige todas,  absolutamente todas,  las relaciones humanas.

Una extraña y alucinógena mezcla de horror y asco invadió a la perfecta casada cuando se vino a enterar de los amoríos extramaritales del hombre al que ella quería y al cual le había depositado su confianza no nada más en un contrato sino en cuerpo y alma para que él la valorase como es debido y el trato,  en consecuencia,  se diera en condiciones recíprocas:  te respeto y me respetas,  te quiero y me quieres…  Pero malamente tomó esto un derrotero distinto e inesperado para los involucrados:  me dañas y te daño,  me odias y te odio.  Me haces y yo no me dejo,  se diría en líneas generales.  Las relaciones destructivas,  miradas desde fuera y llevadas a cabo desde el plano de la ficción constituyen la cosa más exquisita que jamás se ha podido fabricar en este mundo,  en el entendido de que apreciar la belleza procedente de la destrucción de dos personas por el cúmulo de enseñanzas que deja significa saber apreciar el daño mutuo que éstos dos se hacen y que el esfuerzo y hasta sacrificio realizado no ha sido en vano.

El marido engañador está obligado a reparar lo irreparable:  el daño está hecho y no hay acción dotada del poder suficiente como para pensar en que las cosas regresan al estado anterior en el que se encontraban antes de haberse producido la catástrofe.  La mujer engañada está en todo su derecho de reclamar el pago de lo impagable porque su dolor es fuente de acción para demandar la prestación de mérito ante el juez que vigila la moralidad de los actos en cada una de las personas a las que vigila de cerca.

No obstante lo anterior,  son los matices que los abogados maniáticos y con propensión a la psicosis ven y que desgraciadamente son los mismos que impiden que todo el proceso se lleve a cabo de la manera más pronta y expedita entre estos dos,  quienes seguro se divorcian entre imprecaciones,  malos arreglos y una que otra amenaza velada que se murmuran por lo bajo cuando crean que nadie los ve.

Lo que ella reclama de él…

Interrupción categórica e injustificada del amor que otrora le profesaba y por el que la acreedora estaba depositando toda su confianza,  que da lugar al pago de daños y perjuicios,  en el entendido de que no será sencillo lidiar con el duelo que por el que al punto atraviesa.  Aunque existe una posibilidad cierta de que un día ella se reponga del trance,  la verdad de las cosas es que de hoy a mañana y a pasado y al fin de semana y a la quincena entrante el panorama que se le dibuja en el horizonte es de una tristeza infinita,  que no cesará y cuyos efectos en el ánimo habrán de reflejarse constantemente.  ”¿Qué me faltó darle para que no se fuera de mi lado?”:  la pregunta que ella y muchas otras féminas se formulan cuando atraviesan por un sendero de esta naturaleza,  y que malamente se contestan de todas las maneras posibles,  pero que en muy contados casos es realmente la adecuada.  Triste pero cierto.  Porque la respuesta correcta es,  a todas luces,  nada.  La simple,  seca y rotunda nada.  La pasión,  el cariño y la atracción juegan en la medida en que,  por sentarlo de alguna forma,  se mantiene una atracción regular para con un grupo de género determinado,  mismo que se se rompe,  toda vez que aparece un elemento que rompe con el esquema y entonces no hay nada más que hacer:  el gusto cambia y gira hacia el otro lado de la cerca y entonces lo que pervive es una muestra de amor no convencional,  pues se prescinde de los elementos asociados a éste,  justamente el terceto mencionado.

Fragmentación total y absoluta de la fidelidad,  que da igualmente al pago de daños y perjuicios.  Cuenta la leyenda que las mejores parejas son aquellas que se componen de tres integrantes;  socialmente,  esta sana externación de humor negro es por todos conocido y en mayor o menor medida tolerado,  por las razones que al punto esgrimen los interesados en defender la causa;  muy bien por ellos y que les aproveche sustancialmente.  Porque de lo que aquí se trata es de un ejercicio de intimidad en el que las sábanas son muchas,  la cama es una e indivisible y sólo dos pueden entrar en el divertimento así establecido.  Son las reglas.  Y,  además,  todo lo anterior opera sin menoscabo de entender que una de las manifestaciones más convencionales y vívidas de que se ama a alguien es precisamente estar dentro suyo:  ¿o a poco eso de hacer el amor es una frase hecha,  carente de todo sentido y completamente fuera de contexto?  Por lo tanto,  esta bien podría ser una consecuencia derivada del punto anterior,  en el que el amor,  a través de las formas al punto instituidas por la naturaleza del hombre,  tanto más por sus cánones de comportamiento heredados de la sociedad en la que vive,  ya no es amor,  o sí lo es,  pero carece de todo ese complejo de avatares y demás signos inequívocos de demostración.

Distanciamiento total respecto del niño que procrearon juntos porque se teme fundadamente la transmisión de esas mañas antinaturales y torcidas que ha compartido con ese tercero ajeno que lo pervirtió y que se encargó,  a través de sus maquinaciones y artificios,  un auténtico monstruo. ¡Maldito aquél que robó el corazón del marido entonces porque ha interrumpido el normal desenvolvimiento de la relación de pareja que ahora se destruye!:  ¡ordénese quemarlo vivo porque tal es la sentencia inequívoca del dedo flamígero que todo lo destruye!  (En realidad no.)  Después de la justicia y las ciencias exactas,  el amor viene a ser la cosa más compleja habida en la longeva existencia del ser humano,  que ha vuelto locos a los hombres e insensatas a las mujeres,  pero que buenamente ha hecho la delicia de todos cuanto han gozado de la enorme fortuna de probar sus mieles.  ¿Por qué es tan cruel?,  ¿cómo podemos saber si es en verdad tan meloso como lo pintan?:  nadie sabe con exactitud qué contestar a estas interesantísimas interrogantes,  y es justamente por ignorancia -misma que se adereza con un sutil pero muy intenso y personalísimo toque de subjetividad- que los creadores de cine,  teatro,  televisión y literatura todas las partes del mundo se empeñan en hacer valer su derecho de réplica con obras que trascienden entre el público y que lo hacen reflexionar hondamente respecto del tema dilucidado;  la alusión hecha,  desde luego,  no exime a las demás demostraciones artísticas que el ser humano ha creado a lo largo de los siglos y con los elementos de los que se allega:  se trata simplemente de una alusión libre a las variopintas manifestaciones del arte,  sin más pretensión que la de destacar las que al punto más convienen.  El amor es,  sin duda,  una cosa sumamente extraña,  y ay de todo aquel que tenga la intención de sustraerse de sus garras,  tiernas y hórridas a partes iguales,  porque entonces estará privado de sentir el lado profundo de la vida hasta sus más capitales consecuencias.

Eran todas sus pretensiones.  Ni una menos ni una más.  Y eran también todos sus prejuicios:  la ignorancia no sabe distinguir entre unos y otras.

La combinación de los prejuicios con el dolor bien se puede asemejar a la del alcohol con las bebidas energéticas:  aceleran el corazón de en un modo tal que no huele sino a peligro y se corre el riesgo de morir de un infarto cuando el asunto adquiere proporciones mayores.  Entonces debemos dejar que cada cosa tenga su justo lugar en el espacio,  ¿no?,  así que por un lado a vivir decorosamente el duelo que resulta de una ruptura tan capital como la mencionada -con todas y cada una de las partes de depresión y horror que naturalmente conlleva un paso de esta naturaleza-,  y por otro,  a deshacerse de todas esas ideas raras que los cánones sociales han de imponer y que no precisamente son las más cuerdas ni congruentes acorde a los dictados de la ciencia -quien en los asuntos de este controvertido cariz es la única que puede decidir qué es lo adecuado y qué es lo que no.  Porque de ello depende una sana relación entre todos los estratos que componen el tejido societario,  lo que deriva,  en un momento determinado,  en un crecimiento de parte de la humanidad al mejorar como raza.

Lo que él reclama de ella…

Comprensión absoluta respecto del proceso por el que está pasando,  al no actuar en ningún momento premeditadamente,  pues las cosas se dieron y ya.  Ese es el argumento más fuerte que se puede esgrimir en favor del acusado,  habida cuenta de que los afectos no son cuestiones que uno pueda gobernar y poner en santa paz nada más con un simple movimiento de dedo.  Desgraciadamente todavía no.

Paridad de condiciones a la hora de iniciar el pleito judicial por conseguir una custodia compartida dejando intacta la cuestión de la patria potestad porque ninguno de los dos padres está incapacitado para cuidar del niño y en consecuencia fuerza es que ambos sepan llevar digna y decorosamente la responsabilidad que encarna esta parte de tener hijos.

Entendimiento respecto de la particular cuestión que ahora reviste el hoy exmarido,  pues además de que fue una cuestión que sobrevino sin siquiera pensarlo,  lo cierto es también que es un proceso sumamente delicado para quienes lo sufren,  por lo que en ese sentido la comprensión deberá hacerse extensiva también para quien funge como su actual pareja,  en la inteligencia de que los tres necesitan establecer una relación sana,  tanto porque puede haber un perjudicado en el toma y daca que supone un intercambio tenso como porque es lo mejor en todos los aspectos para las personas directamente involucradas en el entendido de que son adultos y por lo tanto han madurado y saben ser corteses y todo eso que tanto pregona el hecho de ser mayorcito y hacerse cargo de una familia.  Entender al enemigo.  Entender al adversario.  Entender al que hoy es marido y amante y mañana será un completo desconocido que más nada hará al interior de nuestras vidas.  Entender que la naturaleza humana es esencialmente compleja y que digerir una situación no es precisamente algo que se pueda llevar a cabo de la manera más expedita que existe porque eso significaría estar olvidando la parte toral del asunto,  desoyendo lo que la vida tiene para explicar respecto de esta lección que al punto pretende dar.  La ayuda del profesional del diván y las notas resulta,  así las cosas,  de una utilidad sencillamente inestimable.

El cuento termina bonito y todos son felices para siempre.  Qué bueno.  Vámonos a dormir porque mañana hay que levantarse temprano y ni modo de apartarse de las cobijas aún con sueño.

Eso parece.

Porque es momento de recordar que la escena inicial de devastación es observada por el niño,  quien en su alma contiene esa pizca de Maldad que todos los seres amamos porque así está en nuestra naturaleza y bajo esa premisa es que ha escapado de la mirada de sus padres y se ha ocultado en el bosque,  justamente para escuchar con detenimiento lo que cada uno tiene para decirse,  ora en plan de una sana y amigable composición,  ora con miras a destruirse de una manera tan horrenda que durante muchos años este acto encuadre en lo que se llamaría la Era de la Devastación.  ¿Puede un niño razonar lo que dicen y hacen sus padres?  En condiciones normales,  la verdad es que no,  pero es cosa de llamar a las hadas y a los magos para que éstos hagan acto de presencia y se tomen el tiempo de preparar los debidos polvos mágicos que dotarán al menor en cuestión de unos superpoderes sencillamente increíbles no solamente para ejercer el raciocinio que al punto está manifestado y puesto sobre la mesa sino para que llegado el momento sean capaces de medir con la vara de la justicia todas aquellas actuaciones tendientes a inclinar la balanza hacia un lado u otro,  haciendo especial énfasis en la valoración de las artimañas de las que puedan echar mano para lograr su propósito:  siendo justas y hasta legales,  no hay mayor problema;  en el caso contrario,  no sería novedad el hecho de encontrar uno que otro castigo por una conducta de acción u omisión así de deleznable,  que puede doler anímica o físicamente y dejar vestigios en el cuerpo y en alma visibles para toda la vida.

Porque…

Punto número uno:  los niños son niños,  no idiotas.   Punto número dos:  los niños son niños,  no trofeos.  Punto número tres:  los niños son niños,  y hay que dejarlos vivir en paz sobre todo en tiempos de rebatingas y desprestigios ocurridos entre mayores.  Por lo demás,  el mundo bien se puede caer y no pasa nada.

Esa es la realidad y hasta el momento no hay poder humano que haya podido cambiarlo…  (Aunque nunca falta el imbécil que haya tenido la intención y,  por lo mismo,  haya obrado con toda suerte de maquinaciones y artificios para intentar conseguirlo.)

El trabajo actoral en televisión de Paulina Treviño y Claudio Lafarga,  conjuntamente,  inspiró la presente publicación.

Ahora sí va la buena…  XY,  tercera temporada,  se estrena el 15 de febrero de 2012.

No.  No es un pastel de chocolate amargo inmensamente grande nada más para mí.  Menos alguna edición autografiada de algún libro que ame con toda mi negra y reconcomiosa alma.  Ni siquiera alguna pieza de colección extraída de alguna joyería que yo sienta que marcará tendencia.  Nada de eso.  (Nótese que en cada ocasión el nivel de intensidad fue subiendo progresivamente…)

Es sencillamente que…  ¡¡¡La tercera temporada de XY llega hasta sus pantallas,  las que pueden ser de televisión o computadora,  para el bonito mes de noviembre!!!  (Cumplo el veintitrés,  así que no estaría de más que para esas fechas alguno de los consuetudinarios de este rincón en la red pasara a dejar su arcón de obsequios en la mesa de su seguro servidor.  Ay,  para nada:  ya saben que es broma.)  Se los paso al costo,  niños,  nada más para que vean que sí me caen bien.

Como que creo que con esta nota más de uno va a brincar y saltar de la emoción,  habrá que hacer tal cosa con un muy buen motivo,  ¿no?  Pues emparejen al suelo a gusto con la música de este muy ilustrativo y,  por demás,  hermoso track.

 

 

Es oficial,  mis niños:  XY,  tercera y última temporada,  sólo contendrá siete capítulos. Agradezcan ovacionando a la Comisión de Radio,  Televisión y Cinematografía de la Cámara de Diputados,  presidida en ésta,  la LXI Legislatura,  por el Partido Verde Ecologista de México,  a la que aún no es posible bajar del cerro,  ya no digamos despojarla la sotana y hacer que suelte el escapulario.

No importan las nominaciones a los premios,  ni la respuesta tan favorable del público,  ni la enorme trascendencia que está generando este movimiento en la televisión de Estado mexicana.  Que vivan los contenidos procaces o,  más feo,  digeridos de los canales de siempre.

El dato lo encontré por ahí.  Declaraciones,  cortesía de nuestro querido Tony,  Eduardo Arroyuelo.

 

 

Necesitamos un milagro para salvar a nuestra tele…  Como el de la canción.

 

 

Bueno,  es que si lo dijo una fuente directa,  tiene que ser verdad.  Artemio Miranda y el resto de la bandera,  mis niños,  iluminarán el horario estelar de nuestras vidas antes de que Enrique Peña Nieto se convierta suceda a Felipe Calderón como ocupante de la Residencia Oficial de los Pinos.

O,  lo que es lo mismo…

La tercera temporada de XY se confirma para antes de terminar el año corriente.

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