¿Quién censuró al del amor dorado?

La pregunta surge inevitablemente después de ver el video en el que el equipo que hace posible Werevertumorro anuncia,  de manera oficial y con todo el dolor de su corazón,  que no habrá más nada del Escorpión Dorado.

Y no es para menos.

Lo que pasa es que últimamente a alguien,  que no soy yo,  desde luego,  le ha dado por estar de a censura y censura los videos de ese cabrón.  Y entonces,  como para que no les quiten la cuenta a los chavos,  pues el negocio del de la máscara de luchador y voz tipluda y malhablada tuvo que cerrar.

Esto,  mis queridos niños,  se convierte entonces en un mar de teorías,  mismas que intentan explicar,  de una manera más o menos coherente,  la gravedad del hecho.  (Si no me creen,  nada más vean los comentarios del video.)

Confesando de antemano que era,  y sigo siendo,  fan de Su Jugosa Jugosidad,  procedo en este modo establecer mi propia elucubración respecto de la causa primera de este ignominioso mal.

Para empezar,  hay dos posturas,  una que se ve,  y otra que no:  la de los realizadores de Wereverumorro,  quienes argumentan en su defensa que la línea de los videos es la del mero entretenimiento;  así también la antagónica,  que parece discordar,  en razón de que dicho divertimento padece de algunos inconvenientes.

Vivimos en unas circunstancias de tiempo y espacio en las que las maravillas de la modernidad,  entre ellas la televisión y el Internet,  se han encargado de proporcionarnos,  queriéndolo o no,  la educación que ya no encontramos en la casa ni en la escuela:  hace mucho tiempo que los alumnos rebasamos a los maestros y que nuestros papás también nos quedaron chiquitos…:  la neta.  Por lo que,  azares del Destino mediante,  nos allegamos de información y cultura en la variedad de opciones que nos ofrecen los dos medios de comunicación inicialmente aludidos.

Y es aquí donde la puerca torció el rabo,  habida cuenta de que muchas veces hay quienes pierden la dimensión de las cosas y entonces creen que la farsa es aplicable a la vida real.

Bueno,  el mundo del entretenimiento se basa en la idea de la representación,  de mostrar algo que es ficticio a los ojos de un público equis y que éste lo asimile y demás:  el propósito puede ser el de educar o de entretener.

Pero entonces hay que saber qué mostrar…

No basta hacer la anotación de que el material contiene tales y cuales escenas,  lenguaje o personajes,  dado que,  por esa misma razón,  muchos chavitos,  cuyas edades van de los diez a los dieciséis o diecisiete años,  y que son mayormente los visitantes del canal,  se tragan completo el cuento y suponen que lo que pasa dentro del video necesariamente tiene que transmutar a la vida real.  Porque,  aparte,  se les hace divertido…

Y,  la neta,  eso es muy grave.

Con el Escorpión Dorado son frecuentes tanto más aclamadas las escenas de misoginia y violencia,  manifestadas expresa o  tácitamente.  Y no digo que esté mal,  en tanto se logre discernir la ficción de la realidad,  y,  por lo mismo,  no se incurran en excesos.

Dicho en otras palabras,  tanto influyen las segundas partes de los consejos para no ligar como las escenas de la Dorada Navidad en el ánimo del amigo cibernauta que tiene a bien preferirlos.

Ya no estamos en los días en los que nuestros padres nos explicaban que había unas cosas para niños y otras para mayores y nosotros agarrábamos el pedo a la primera,  respetando su instrucción y la mamada…  Ahora podemos hacer lo que se nos venga en gana,  so pretexto de los mentados derechos de los niños y los jóvenes.  No obstante lo anterior,  el asunto sigue siendo el mismo:  pensar lo que consumimos.  (Apuesto a que hay más de un ignorante en esta ciudad que se cree a cabalidad lo que dice El Escorpión Dorado y va lo aplica en su vida.  De pena ajena…,  pero bueno:  cada cuál construye su existencia como mejor puede.)

En la anterior tesitura,  creo que hay un dejo casi imperceptible pero no por ello menos cierto y determinado de responsabilidad de parte de quien realiza este tipo de productos.

No es suficiente con hacer la anotación preliminar que corresponde para cuando el video así lo requiera,  sino ser congruentes con la totalidad del trabajo realizado.  En ese sentido,  subyace una severa fisura entre los consejos que se dan al final de cada capítulo en Adultescentes y la actitud del caballero del amor dorado en su video.

Yo digo,  yo pienso,  ¿verdad?,  que si los chicos de Werevertumorro están haciendo las cosas chido,  pues tendrían que hacerlas bien de todas,  todas,  ¿no?

Porque,  más involuntariamente que a huevo,  al desarrollar un concepto que llega a las masas (de chamacos nalgasmiadas,  en este caso),  la ideología que intrínsecamente viene imbuida en su producto,  se les queda en la cabeza.  Pero,  como es más fácil ser pasado de lanza y babosón (actitud del primo menso del Wero) a razonar las cosas (actitud de Chema),  el paquete de consecuencias surte sus efectos con el combo al punto elegido y no hay vuelta de hoja.  (Esta parte debería de llamarse “De cómo la ficción pasa a convertirse en realidad…  Malpedo”.  O algo así.)

Todo este pinche choro mareador es una carta abierta,  tanto para los seguidores de Werevertumorro como para quienes lo hacen posible.

Un saludo y éxito en su vida.